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El Colegio
Educación y alimentación
El colegio Inshuti se creó en al año 2015 en Kibuye con 25 niños. Hoy contamos con 105 niños y niñas que no solo reciben educación sino también un desayuno y un almuerzo. La puntualidad, la disciplina, el compañerismo, son comportamientos que deben cultivarse. Aparecen felices con su uniforme y aseados a primera hora y eso nos llena de alegría. Tantos los niños como sus familias han aprendido a darle importancia a la higiene y sobre todo a darle importancia a la educación.

El Colegio

Educación y alimentación.

El colegio Inshuti se creó en al año 2015 en Kibuye con 25 niños. Hoy contamos con 105 niños y niñas que no solo reciben educación sino también un desayuno y un almuerzo. La puntualidad, la disciplina, el compañerismo, son comportamientos que deben cultivarse. Aparecen felices con su uniforme y aseados a primera hora y eso nos llena de alegría. Tantos los niños como sus familias han aprendido a darle importancia a la higiene y sobre todo a darle importancia a la educación.

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Son incontables los niños que andan deambulando por las colinas, están solos desde que aprenden a caminar, a veces van en grupo, a veces sin rumbo, y otras muchas veces se les ve trabajando ayudando a sus madres, sobretodo en el campo y es así como transcurre su día a día. Pensé en el futuro de estos niños. Cuántos hay que no tienen una oportunidad, sólo por el hecho de haber nacido en ese lugar.

Un día, encontré en una vieja casa en ruinas, 25 niños entre 3 y 10 años que con una profesora trataban de aprender algo, escribiendo en el suelo. Pasé el fin de semana dándole vueltas a cómo organizar algo que sentía muy grande pero tremendamente importante. La educación es la base del desarrollo, y había un reto enorme delante de mí.

Empecé pidiendo ayuda a un amigo sacerdote español, con el que tuve la suerte de compartir años en Burundi, que estaba en una parroquia en Berna, Suiza y sin preguntarme mucho más, me mandó dinero para empezar. Alquilé una casa mejor, con suelo de cemento, ventanas y puertas, hice fabricar mesas y sillas, compré camisas iguales para todos y los dividí por edades. Formamos 3 aulas, 3 grados de maternal, para los que contraté profesores y empezamos a darles el desayuno, para muchos el único alimento del día que tendrían asegurado. Así empecé a trabajar. El comienzo fue duro, llegaban cuando querían, sucios, sin uniforme, los profesores sólo sabían cantar con ellos, no había programas educativos ni materiales.

Poco a poco las cosas fueron mejorando, tuve que cambiar varias veces de profesores, trabajar duro con ellos y enseñarles a jugar con los materiales infantiles que desconocían y que fui consiguiendo gracias a las donaciones de amigos y familiares. Desarrollé un programa educativo ayudada por una amiga española, excelente profesora. Hablamos con el gobernador local para que nos oficializara la Maternal, matriculamos más niños, buscamos otro lugar más amplio y con espacio para juegos en el exterior… ¡y lo conseguimos! Hoy, 5 años después, Inshuti es un colegio con 107 niños que aprenden, desayunan y comen, tienen el programa educativo del gobierno ampliado con el que hemos elaborado nosotros. Contamos también con un profesor de deporte y cuentan con material educativo.

El año pasado empezamos a dar comidas además del desayuno ya que siendo para muchos su única ingesta del día y conscientes de los casos de desnutrición y malnutrición existente entre los alumnos, queríamos asegurar el aporte de verduras diarias y ahora de proteínas 3 veces a la semana para ayudarles en su crecimiento físico y psíquico necesario para su desarrollo. Cuesta pensar con el estómago vacío.
Cada niño tiene una historia que contar… Aaron tenía 4 años cuando le encontramos con su machete, no hubo forma de hacerle sonreír. Recurriendo a la antigua usanza del boca a boca, colina en colina dimos con su padre y gracias a ello está ahora feliz en el colegio, machete guardado, con su bonita sonrisa y puntual diariamente en el centro. Hay 105 historias de vida a las que queremos acompañar.

Los que terminan el tercer año de Maternal con nosotros, pasan a primer grado en un colegio oficial vecino. Las familias saben que tienen nuestro apoyo si se comprometen con responsabilidad con sus hijos y les ayudan a aprovechar al máximo esta oportunidad de educación que se les ofrece.

Recibimos de este colegio un informe mensual, y la mayoría de los nuestros se mantienen entre los primeros de la clase. Bosco es un niño excepcional muy inteligente, bueno y responsable. Tiene 7 años y es el mejor de todo el primer grado, lo sacamos del campo donde desde los 4 años cultivaba para ayudar a su madre. Estoy segura de que llegará lejos y su madre en unos años tendrá el descanso que se merece. Pero para que los niños estén bien, hay que ayudar a los padres. Así que creé la escuela de padres, hablábamos de educación, salud y emociones. Un trabajo en equipo en el que la implicación de la familia es igual de importante.

Madres adolescentes
Apoyo moral y formación
Estas mujeres necesitan fortalecer su autoestima, aprender a enfrentarse al mundo sin depender de la ayuda exterior, saber criar y educar a sus hijos, educarse ellas mismas y aspirar a la alfabetización básica para incorporarse a la sociedad. Muchas de ellas con tesón y esperanza se agarran con fuerza a estas oportunidades.

Madres adolescentes

Apoyo moral y formación

Estas mujeres necesitan fortalecer su autoestima, aprender a enfrentarse al mundo sin depender de la ayuda exterior, saber criar y educar a sus hijos, educarse  ellas mismas y aspirar a la alfabetización básica para incorporarse a la sociedad. Muchas de ellas con tesón y esperanza se agarran con fuerza a estas oportunidades.

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Estas jóvenes madres adolescentes, desde muy temprano tienen la responsabilidad de uno o varios hijos a su cargo, niños que desgraciadamente no suelen nacer por amor y que su herencia es reflejo del desafecto que la mayoría de las veces sufrieron sus madres. La familia muchas veces las rechaza y la sociedad mira para otro lado. Se sienten solas y perdidas, su máxima pobreza no es la falta de recursos, sino su gran falta de autoestima y el desconocimiento de conceptos tan básicos como el amor, la amistad y la felicidad. Algunas de ellas sufren además las secuelas de sus mayores, del terrible genocidio acontecido que les dejó una salud mental muy débil y con muy pocos recursos de actuación.

Se han habituado a victimizarse y pensar que su condición de pobres materialmente, les hace pobres intelectualmente. No son conscientes de la gran capacidad que tienen. El primer día que las invité a venir llegaron 22, el siguiente día 40, y más tarde 50. Se sentaron delante de mi esperando ser juzgadas, mirando con recelo… ¿Qué hacía una mujer blanca delante de ellas y cuál era la razón para ayudarlas? Fue un gran reto enfrentarme a sus miradas, sus expectativas, sus desengaños y sus desilusiones. Quería que se conociesen entre ellas, que compartiesen sus tristezas y sus alegrías, sus ilusiones, y que cada encuentro fuera un momento de reflexión, de aprendizaje, de alegría, de inquietudes y experiencias. Pero sobre todo que se armasen de herramientas suficientemente sólidas como para enfrentarse a los problemas que se les presentaban. Pensé en mi mundo, en las mujeres que me rodean y que también tienen dificultades y que debería haber una gran cantidad de emociones que nos unen y las animé a ponerlas en común, buscando la forma de descubrir todo lo que nos acerca desde nuestras diferentes culturas y experiencias, disfrutar apoyándonos unas en otras, aprendiendo a ver la vida desde otros ángulos, de forma que fuera un aprendizaje enriquecedor para todas.

Los meses pasaban y nos íbamos conociendo con charlas, juegos y escuchándolas sobretodo, formamos un gran grupo. Ellas encontraron un lugar donde se hicieron amigas y podían compartir sus problemas.
Pero había que ir un poco más lejos, necesitaban algo que les diera un poco de ilusión para seguir y pensé que podrían aprender un oficio.

Taller de costura Contraté una profesora de costura y durante 12 meses estuvieron 4 horas diarias aprendiendo a coser a máquina. Cuando ya la profesora pensó que estaban listas, con la ayuda de muchas de mis amigas, compramos una máquina de coser a cada una para que empezaran su negocio.

Horno de pan El horno de pan es nuestra iniciativa de empleo para generar la producción de pan que necesita el colegio día a día. Son 5 mujeres las que con orgullo han aprendido a liderar este negocio.

Algunas de las madres adolescentes que participaron en el proyecto inicial, son ahora parte del colegio trabajando en él con entusiasmo y responsabilidad.

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Club de Futbol
Motivación y responsabilidad
El deporte supone para muchos de los chicos una fuerte motivación que les aleja de los riesgos de la adolescencia.

Club de fútbol

Motivación y responsabilidad.

El deporte supone para muchos de los chicos una fuerte motivación que les aleja de los riesgos de la adolescencia.

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Muchos de los niños que me encontraba por las colinas, eran preadolescentes desorientados que ya empezaban a sentirse grandes con los riesgos que la adolescencia conlleva. El deporte podía convertirse para muchos de ellos en una gran motivación e ilusión. Busqué un entrenador de futbol e hicimos 3 equipos de 15 chicos cada uno, repartidos por edades. Van a entrenar dos días por semana. Los entrenamientos están bien organizados, trabajan duro y no sólo hacen deporte, el entrenador charla con ellos y les orienta educándoles en los valores del deporte: solidaridad, respeto y deportividad. Para poder estar en el club deben ser además responsables en sus estudios.

Reciben equipaciones deportivas y zapatos de futbol tanto de generosas donaciones particulares como de empresas españolas que generosamente nos apoyan con ello.

Trabajamos para que sea un buen aprendizaje en su desarrollo físico y personal.