Faustino Ortíz Jiménez
Hola, soy Faustino, soy policía Nacional en Gijón y vivo en Villaviciosa.
Hace unos años conocí, a través de una sobrina de Ángela, el proyecto Inshuti-Kibuye y desde el primer momento aporté mi granito de arena para apoyar lo que me pareció una gran iniciativa. Siguiendo un poco la labor desarrollada por el proyecto, ya fuera vía internet o asistiendo a los eventos realizados, que para recaudar fondos, se hacían en Asturias, fui implicándome un poco más en el proyecto. Aunque puedo asegurar que, aunque fui con cierta incertidumbre sobre mi capacidad de aportación, lo que es seguro es que siempre se puede aportar algo; ya sea… trabajo, compañía, ejemplo, cariño, juegos, abrazos para todos y cada uno de los niños que cada día asisten al colegio.
Para mí personalmente, la experiencia vivida fue EXTRAORDINARIA… no tengo palabras aún que sean capaces de expresar y mostrar a la gente lo que supuso lo vivido allí. Y mira que lo he intentado. No es fácil gestionar esto y eso que estoy acostumbrado a ver todo tipo de situaciones. Es tal el cúmulo de sensaciones y sentimientos que es difícil mostrarlos, pero lo que sí te traes de Kibuye es un “cordón umbilical imaginario” que te imposibilita desvincularte del proyecto y que te hace desde ese momento tener continuamente, parte de tu cabeza, pensando en el día a día de los niños y como poder ayudarles para mejorar su vida.
En primer lugar, dar a conocer y aplaudir hasta la extenuación el increíble trabajo de Ángela “Mama Ángela para la infinidad de gente de Ruanda que la conoce” para sacar adelante este proyecto. Su desinteresada ayuda hacia los problemas de los más desfavorecidos en Ruanda, su tesón, sus ganas de hacer cosas para mejorar la vida de los niños, del apoyo a sus madres, en definitiva, a las personas más vulnerables de Ruanda. Es una cabeza que no para, que está todo el día trabajando, buscando ideas, buscando soluciones, buscando fondos, para que las personas que tienen la suerte de cruzarse en su camino, tengan los mimbres que les permitan gozar de una oportunidad en la vida. Una persona en la que los niños ven esperanza al mirarla. Una luz al final de un túnel, largo y oscuro por el que vagaban los niños de las colinas.
EL colegio es un oasis de esperanza para los niños de las colinas. Niños que fue localizando “Mama Ángela” tras innumerables caminatas cada día por las casas de las colinas. Muchos de los cuales sufrían graves problemas de desnutrición antes de llegar al proyecto y donde se les ofrecen dos comidas diarias. Llegando a dar actualmente más de 5.000 comidas mensuales. Por otro lado, estos niños son educados también en hábitos saludables, en conocimientos y por su puesto en valores. Unos niños que quieren aprender, que se interesan, que juegan, que se divierten y que regalan tal cantidad de alegría, cariño y sentimientos que hacen grabar a fuego lo vivido con ellos. Unos niños que no tienen nada, pero que pese al hambre que pueden llegar a pasar son capaces de no empezar a comer hasta que cada uno de ellos tenga su plato delante. Unos niños, de los cuales algunos, caminan diariamente dos horas para llegar al colegio. Otros niños que solamente disponen de un viejo colchón para dormir con su madre y 6 hermanos. Pero unos niños generosos, que no reclaman nada, que solo dan… dan alegría, dan cariño, dan esperanza para creer en ellos y puedan ser la punta de lanza para un futuro con esperanza de venideras generaciones.
Resumiendo, para mí INSHUTI, ya no es un proyecto, es una lección de vida. INSHUTI es Erithiem, es Samuel, es Mutesi, es Queen…. son todos y cada uno de los niños, profesores y ayudantes que forman esta gran familia y que te transmiten hasta el último segundo allí su agradecimiento y cariño. Y por supuesto, INSHUTI, si quieres, puedes ser tú, con tu aportación puedes colaborar a mantener este proyecto y a dar esperanza a los niños de las colinas para que tengan una esperanza de vida mejor.
Por último, no sería justo despedirme sin agradecer a Ángela, la amabilidad durante mi estancia, su trabajo, su tiempo y su vida regalada al proyecto. Y por supuesto, a todos de los que una u otra forma están implicados en el mismo. Estando deseando volver a vivir nuevamente la experiencia el próximo año pero más tiempo, que se me hizo demasiado corto.
Covadonga Huergo
Fui testigo de los comienzos del Proyecto en el 2015 y todavía, a día de hoy, de la entrega, dedicación, sinsabores y lucha de mi hermana por sacar adelante el mismo, en un país donde a pesar de la buena voluntad, no le pone fácil cualquier iniciativa.
Madres adolescentes, fruto de un genocidio inhumano, que a veces son repudiadas por su familia por quedarse embarazadas, dan como resultado niños sin arraigo familiar, sin educación y obligados a trabajar a muy temprana edad para poder comer.
Niños y niñas que quizá no conocen su rostro porque nunca se han podido ver en un espejo, que a pesar de su temprana edad igual tienen que caminar horas para poder llegar a la escuela, que desconocen lo que es un abrazo, un beso familiar, que a pesar de ser la única comida que disponen al día no empiezan a hacerlo hasta después de un rezo, que probablemente dispongan del uniforme y un par de camisetas como única vestimenta en su vida etc..etc…
En la escuela, han aprendido a sonreir, están ávidos de aprender, son obedientes, educados, curiosos y cantan y bailan en cuanto se les provoca un poco. Son puntuales, se preocupan de su limpieza y más en una época de pandemia como la que estamos viviendo y todo ello, en unas condiciones muy por debajo de la que conocemos. Así mismo, con los equipos de fútbol aprenden valores de compañerismo, disciplina y esfuerzo.
Pero por encima de todo, la generosidad tan absoluta por parte de los familiares que, a pesar de no tener qué comer, te regalan “bananitos”, te sonríen, te bendicen y, sobre todo, de esos niños que sin poder comunicarnos verbalmente, ya que su lengua es imposible, con su sonrisa lo iluminan todo.
Todavía, casi dos meses después de volver, no puedo dejar de agradecer una de las experiencias más bonitas que he vivido. He aprendido de la humildad de las personas, del calor humano, del agradecimiento, pero sobre todo, de la tenacidad, del esfuerzo, de la entrega, de la lucha y del amor que mi hermana pone en todo lo que hace y en especial en este Proyecto.
Gracias Inshuti y gracias hermana por permitirme compartir y participar.
Cova
Ana Bravo
Todavía estoy emocionada de la experiencia en Inshuti. Vivirlo me tocó el corazón. Allí todo tiene otro ritmo: más humano, mas auténtico. La alegría y la gratitud de l@os niñ@os, sus sonrisas y la dedicación incansable de quienes hacen posible el día a día del colegio te alimentan el alma, te transforma. Pienso en esos días y te das cuenta de que el colegio late con vida, que lo pequeño se transforma en grande, y con esa enería te dejas llevar. Aportas, inventas, haces lo que haga falta, porque todo suma. Ese es el fin cuando estás allí, y eso fue a lo que me dediqué. Volví con la maleta llena de ideas, el corazón más grande y cargada de imágenes que ya no se borran, tatuadas en la memoria. Gracias Ángela, por abrir caminos que transforman y sembrar un futuro para es@s familias con tanta ternura. Inshuti se queda en mí, latiendo, recordándome que la felicidad, cuando se comparte, se multiplica. -“Volveré”
Ana Bravo
Luz García
Hola a todos, me llamo Luz, soy maestra y vivo en Oviedo.
En septiembre he viajado a Ruanda con Ángela y otros amigos para conocer su Proyecto, por este motivo mi carta, para contaros un poco de esta gran experiencia. En mi visita al Centro Maternal “Inshuti” en Kibuye he percibido esperanza, emoción y agradecimiento en las niñas y niños, en las familias, y en todo el personal que allí trabaja. Y es que en un país en el que faltan los mayores de cuarenta años, en el que la imagen más común es una mujer joven con unos piececitos asomando por su cintura porque lleva un bebé a su espalda al mismo tiempo que usa una azada, limpia los arcenes de las carreteras, lleva agua o leña a su casa, en un país en el que según las estadísticas la mitad de la población tiene menos de quince años, el acceso a la educación es muy difícil sino imposible, abocándoles a trabajos infantiles y a un futuro que sin esta oportunidad saben que será incierto.
El Centro consta de tres aulas, una demasiado pequeña, en un edificio distinto del resto en la que no cabe una mesa de profesor. Las otras dos, separadas por un tabique que no llega al techo, más amplias con 30 “personitas” todos con su uniforme que usan todos los días durante tres años, se los hacen crecederos pero las camisas en muchos casos se ven desgastadas y rotas, es evidente que sería necesario tener un presupuesto para cambiar en algún momento, al menos, las camisas. Es cierto que estando allí alguna se cambió pero aunque baratas esto sale de un presupuesto ya muy ajustado.
Aún estando apretados o con las camisas desgastadas sonríen agradecidos cuando les dan un lápiz, unos colores, una libreta y se esfuerzan por escribir letras, números, cuentas,… Están atentos, concentrados y nos enseñaban sus tareas orgullosos y es que llegan emocionados a la escuela. Les encanta aprender, por supuesto jugar y deberíais verlos agradecer en silencio un desayuno y una comida, que en la mayoría de los casos será la única del día.
Hemos visto llegar a madres con sus hijos y abuelas con sus nietas pidiendo ser admitidos. Pero no todas las familias se acercan a la escuela. Y aquí comienza otro de los objetivos de este fantástico Proyecto.
Imaginaros un barrio en una colina con caminos de montaña y entre esos caminos de piedras y tierra roja, pequeños grupos de casas de adobe, sin agua corriente, con suelos de tierra de las que salían a saludarnos madres, abuelas, adolescentes y un montón de niños y niñas descalzos, con chanclas, con una sola chancla, de esas que nosotros llevamos a la piscina, con camisetas rotas y pantalones y vestidos de tallas siempre más grandes o más pequeñas de lo debido, que habrán llegado, ya usados, de otras partes del mundo.
Allí Ángela localizó a 5 niños de 3 y 4 años, habló con sus madres y al día siguiente irían a la escuela.
A las 8 de la mañana después de caminar media hora, tres cuartos de hora,…por aquellos caminos casi imposibles para mí, allí estaban, más aseados, con ropa de “domingo”, volantes de mil colores y camisetas y pantalones imposibles de describir pero sonrientes y emocionados con su primer lápiz, su primer rompecabezas y su primer desayuno.
Esto es una realidad que debemos mantener pero también avanzar ya que es la esperanza para unos niños y niñas que merecen la pena y sabéis por qué? Porque quieren aprender y quieren porque lo necesitan y quieren comer y quieren porque lo necesitan.
Desde mi vuelta algunas personas me han preguntado, que se puede hacer? Se pueden enviar lápices, juegos, ropa, material deportivo? Por supuesto! Pero lo que realmente necesitan es que les apoyemos económicamente.
En primer lugar para mantener el Proyecto, pero además porque debe seguir avanzando. Las aulas necesitan pizarras nuevas en las que puedan escribir sin que se rompan las tizas porque están agrietadas, necesitan materiales didácticos adaptados a ellos, que habría que buscar allí y pagar. No es que no sirvan los que se les envían pero incluso estos debemos ayudarles a clasificarlos y adaptarlos para utilizarlos. Necesitan una nueva cocina y por supuesto necesitan un depósito de agua, cuando preguntamos el precio unos 700 euros y por qué no un par de duchas, mejorarían algunos de sus problemas sanitarios y beneficiarían a la higiene general.
Otro de los grandes logros de este proyecto es que la mayoría de los productos y materiales que consumen son los suyos y esto es extensible al personal docente ya que es evidente que son ellos los que deben enseñarles, así como las cocineras, que a su vez se encargan de la limpieza.
Sé que muchas de las personas que hemos estado allí seguiremos apoyándoles con nuestra presencia, pero también económicamente con lo mucho o lo poco que cada uno pueda, mensual, anual o esporádicamente, pero también estoy segura de que cualquiera que conozca este Proyecto tan especial no podrá dejar de hacerlo.
Muchos de nosotros ayudamos o hemos ayudado a organizaciones de ámbito local, internacional y esta genial, pero cuantas veces hemos pensado que todo resulta demasiado impersonal.
“Inshuti” es personal y tiene nombre de niño y de niña: Mutesi, Chance, Jean Paul, Thierry, Hadiya, Queen,…y también de profesor: Dative, Mary Jean, Joselyn, Dieu Donne y sí, quieren nuestra ayuda y la quieren porque la necesitan.
Un saludo para todas y todos los que formáis parte de este fantástico Proyecto y para todos los que os decidiréis a hacerlo y GRACIAS Ángela por hacerlo posible.
Luz
María Huergo
Hola, me llamo María Huergo y tengo 17 años, aunque mi experiencia en África fue con 15; mi tía Ángela fue la que me dio esta enorme oportunidad de conocer el mundo y sobretodo de darme cuenta de cómo es éste en realidad.
Yo fui en septiembre de 2018, estuve en Rwanda, más concretamente en Kibuye, un pueblo muy bonito, justo en el lago Kivu.
Yo llegué allí (no voy a mentir) con un poco de miedo, no sabía cómo sería eso. Una vez allí descubrí lo buena que era la gente, como apreciaban tanto cualquier gesto que tuvieras con ellos y como aprecian todo lo que le das, por más mínimo que fuera. Me daba mucha pena ver en la situación que estaban, a veces me sentía impotente por no poder hacer casi nada por ellos, pero también veía toda la escuela (en este caso en la que yo estuve) y me enorgullecía mucho poder formar parte de ello, jugábamos con los niños, enseñábamos a los profesores y conocíamos a la gente del pueblo, a las costureras, a las que estaban en los puestos, incluso nos dieron unas clases de tenis!
Para mí fue una experiencia inolvidable, enriquecedora y sobretodo hizo que me diera cuenta de la suerte que tenemos y de lo poco que lo valoramos, también que con poco se puede hacer mucho. Solo puedo decir que tengo muchas ganas de volver, poder ayudar un poco más y ver cómo todo va a mejor.
María
Lourdes O’Shea
Desde que me jubilé en 2023, buscaba un proyecto en el que pudiera colaborar y aportar mi granito de arena. En septiembre de 2024 tuve la gran suerte de conocer a Ángela y su maravilloso proyecto Inshuti, y no dudé en aventurarme a conocerlo en persona.
Pasé dos meses acompañando a Ángela y conociendo el proyecto en profundidad. Me entusiasmé enseguida con todo lo que rodea a Inshuti: los niños, siempre lo primero, pero también el gran equipo que forma parte del proyecto —trabajadores comprometidos, profesores que enseñan con entusiasmo y colaboradores que hacen posible que todo funcione día a día.
Es importante destacar que, además del colegio de educación infantil, Inshuti ofrece comidas diarias y realiza el seguimiento escolar de los alumnos que ya han pasado a primaria. También visitamos algunas de las casas en las colinas donde viven nuestros alumnos, para conocer mejor su entorno familiar y comprender su realidad cotidiana.
Participar en este proyecto ha sido una experiencia profundamente enriquecedora. Poder compartir tiempo con los niños, acompañarlos en su aprendizaje y recibir tanto cariño me ha hecho crecer personalmente y valorar aún más la importancia de la educación desde los primeros años. El vínculo emocional que se crea con ellos es muy fuerte: siempre muestran simpatía, agradecimiento y mucho afecto. Das lo que puedes, te entregas, pero sin duda recibes mucho más. Estoy convencida de que, durante mi estancia, he recibido más de lo que he aportado.
Considero fundamental informarse bien y elegir organizaciones con objetivos claros y transparencia. Inshuti es un ejemplo de ello: un proyecto claro, transparente y con una labor admirable. Ángela se vuelca por completo en cumplir su objetivo de hacer de Kibuye una comunidad mejor.
Este año, en septiembre de 2025, he vuelto. Es mi segundo año en Inshuti (Kibuye)… ¡y no será el último!
Muchas gracias, Inshuti, y gracias, Ángela, por invitarme a conoceros y por hacerme sentir parte de esta gran familia.
Lourdes O’Shea
Octubre 2025
LUZI CARNERO
Hola a todos:
Soy Luzi, vivo en Vigo y acabo de volver de Inshuti Kibuye, porque para mi Ruanda ya siempre estará inevitablemente asociada a la escuela. He tenido la oportunidad de conocer a Angela y su proyecto por mi amistad con su hermano y cuñada, Joaquin y Olga y desde el primer momento supe que haría todo lo posible por aportar mi modesto granito de arena. El proyecto no se puede entender sin el grandísimo esfuerzo, generosidad y difusión que hay detrás y que Angela con su gran conocimiento y experiencia de Africa lo ha hecho posible con medios totalmente privados y la entrega absoluta de su tiempo. Desde aquí mi más profunda admiración. He de confesar que la decisión de dedicar mis vacaciones para viajar a miles de kilómetros y participar en el proyecto, no ha estado exenta de un cierto “miedo” e incertidumbre de si estaría a la altura, miedos que se esfumaron desde el momento en que pisé la escuela. Allí la vida es sencilla, recibes tanto!!! Los niños, los profesores y las gentes son tan agradecidos con cualquier gesto que hagas por ellos!!!
Los niños siempre con una sonrisa, prestos y voluntariosos a participar en cualquier iniciativa que les propongas. Es maravilloso saber que están teniendo una oportunidad educativa y alimentaria, desde nuestro conocimiento de que la educación es el pilar fundamental para el desarrollo, creo que no es tan difícil conseguir un mundo mejor sólo hay que poner voluntad y dar una oportunidad a aquellos, que como en este caso los niños de nuestra escuela quizás de otro modo nunca tendrían. Es fascinante ver con que ilusión vienen al colegio, muchos recorriendo largas distancias por caminos dífíciles a pesar de su corta edad, para ellos no hay lugar para el “me aburro”, o el “no me gusta”. Les encanta aprender, jugar, participar.
Fuimos al museo, hicimos filloas con los mayores, jugamos a un sinfín de juegos con los que nos divertimos y reímos y compartimos momentos que ya siempre formarán parte de mi vida porque no hay nada tan maravilloso como la generosidad, el cariño y la felicidad de los niños, y cuando en circunstancias tan áridas que muchos de ellos tienen consigues que sean felices, el mundo se detiene en ese instante. Parte de mi tiempo en la escuela lo he compartido con los niños del aula de educación especial, que reciben estímulos y puedes comprobar como a poco que hagas su evolución es increíble, la gran mayoría que no caminaban, ya lo hacen, son capaces de comer por si mismos, y todos los días se integran en las aulas para que interactúen con el resto de sus compañeros. Me han impactado sobremanera dos cosas en “mis” niños del aula especial: una, la solidaridad del resto de los niños para con ellos y dos, la tenacidad y el esfuerzo por hacer lo que hacen los demás. Esto hace que su evolución es muy llamativa y su felicidad al conseguir los objetivos es inefable.
Mi más sincera admiración y respeto a todas las personas que conforman el equipo de Inshuti-kibuye, desde las cocineras que obran milagros para dar desayuno y comida a tantos niños desde unas cocinas sin ningún tipo de comodidad, hasta los profesores maravillosos, alegres y que enseñan y consiguen mantener a los niños activos, motivados y partícipes.
Mención especial y mi más sincera enhorabuena a todos los equipos de futbol compuestos íntegramente por alumnos de la escuela y a su entrenador Willy, que hace un trabajo increíble de motivación consiguiendo que todos participen con ilusión con el deporte como instrumento integrador y socializador.
Además del proyecto de la escuela, Angela lidera paralelamente otros proyectos enfocados a dar una oportunidad a mujeres que de otro modo posiblemente nunca tendrían, tales como el trabajo que se realiza con madres adolescentes, abandonadas por los padres de sus hijos y en muchas ocasiones repudiadas por sus familias con un bebe a su cargo y sin medio alguno de
vida. Se están actualmente realizando talleres de alfabetización, peluquería y costura para darles una oportunidad. También se está trabajando con un grupo de señoras que por circunstancias personales y vivencias durísimas derivadas del genocidio están solas y no tienen medio alguno de vida, dándoles apoyo para conseguirlo, bien cultivando en parcelas que el proyecto ha alquilado, bien facilitándoles un horno en el que cuecen pan que posteriormente venden o ayudándolas a iniciar una actividad que les pueda servir de sustento.
Me decían constantemente mis familiares y allegados que estaba muy guapa cuando veían mis fotos, lo cierto es que esto sólo es la consecuencia de la felicidad que irradiaba durante mi estancia, todavía la sigo irradiando cuando hablo de mi vida allí. Mi experiencia en Inshuti ha sido absolutamente enriquecedora, plena e inolvidable. Me gustaría haber sido capaz de generar también algún momento de felicidad y haber conseguido contagiar mi entusiasmo para que las semillas que se están sembrando germinen algún día.
Por supuesto, no puedo poner fin sin reiterar mi gran admiración hacia Angela, su fuerza, su valor y su generosidad son un ejemplo. También agradecer a las personas que han hecho posible esto, Angela, Joaquín y Olga.
Gracias por tanto.
Luzi Carnero
Luisa Fernanda Bravo
Hola a tod@s yo soy de las que fuí y os puedo asegurar que volveré porque no dejo de pensar en ellos, porque Rwanda engancha, porque no es solo el país de las mil colinas y del millón de sonrisas es un baño de realidad que te deja huella para siempre, porque hay un antes y un despues de ese viaje…te llena el alma. De verdad es una oportunidad para crecer, para sentirte útil, volverás con mil historias que contar, con mil imágenes, con mil recuerdos y el corazón lleno de amor por esos niños, conoceréis sus nombres, sus caras y su historia y no puedes por menos que hacerlos tuyos…
Gracias Angela por ser el motor de todo esto, te debo la experiencia mas hermosa de mi vida, cuenta conmigo siempre.
Un abrazo.
Luisa Fernanda
César Fernádez
En marzo de 2019 tuve la grandísima suerte y oportunidad de acompañar Ángela Huergo a Kibuye, un pueblecito situado a orilla del lago Kivu en Ruanda para colaborar en su maravilloso proyecto. El nexo que me permitió conocerla y conocer su proyecto fue la amistad con su hermano y cuñada Joaquín y Olga y en especial por un video de niños que me enseño su sobrina María de su viaje a kibuye. He de agradecer a Ángela y a su hija Maite su grandísima generosidad, amabilidad y cortesía por acogerme en su casa y tratarme como si fuera uno más de su familia.
Llegado allí me encuentro con un maravilloso proyecto de educación el cual ha creado Ándela sin ayudas gubernamentales de ningún tipo, Ángela hace magia, magia con las aportaciones de amigos, familiares y amigos de amigos. Niños deseosos de aprender y superarse, y madres involucradas en la formación de sus hijos conocedoras de la importancia de la educación intentando un futuro mejor para sus hijos. Me resulta muy difícil transmitir todo aquello que viví durante todo ese mes, son muchas sensaciones, muchísimas, jamás experimentadas y sentidas a la vez.
Recuerdo la sensación tan brutal del primer día cuando al llegar a las clases y ver a Ángela todos los niños se levantaron de sus sillas gritando…¡¡¡¨mama Ángela¨!!! (pues es así como allí la conocen) y la alegría de los profesores, fue súper emocionante ver como todos los niños querían abrazarla.
Al día siguiente, en la hora de los recreos, tuve esa misma experiencia, todos los niños querían tocarme y abrazarme, jugar conmigo, me sentí como el Flautista de Hamelín.
Allí encontré las miradas y sonrisas más bonitas y sinceras, la alegría más auténtica pese a sus penurias, la generosidad verdadera, el cariño, la ternura, las ganas de aprender y superarse, la amistad verdadera, pero también me encontré con malnutrición, falta de oportunidades, pobreza, miseria y desigualdades e injustica social, miradas durísimas de mujeres violadas y maltratadas durante el genocidio pero que poco a poco empiezan a sonreír. Por eso me cautivo el proyecto de Ángela, un proyecto de educación y alimentación para dar una oportunidad a los niños, esos niños que serán el futuro de África. Un proyecto donde no se teoriza sobre los problemas de África, es un proyecto totalmente práctico y trabajo de campo 100%.
No soy nada espiritual, ni mucho menos, pero todas esas sensaciones y experiencias vividas llegaron a mi alma, es muy difícil de explicar pero he de confesar que ha sido la mejor experiencia vital de mi vida exceptuando el nacimiento de mis dos hijos.
Otra sensación que encontré fue…Paz. El contacto con los niños del proyecto, sus madres, los niños de las colinas y sus familiares…la carencia de maldad y la bondad que desprenden genera una brutal sensación de paz. La maravillosa sensación de ayudar a los más vulnerables, rescatando a niños en las colinas y ofreciéndoles ayuda, educación y alimentación. Paz también al final de la jornada de trabajo, viendo como el sol se pone en el horizonte sobre el Congo y lago Kivu, inmerso en un absoluto silencio y saboreando una cerveza africana bien bien fría.
Esos niños merecen una oportunidad y os diré que estoy seguro que en este mi primer viaje recibí más que di.
África atrapa, prometo volver.
César
Beatriz Ruiz
Llevo años trabajando en solidaridad con ese hermoso continente, África. Ahora y muy orgullosa por ello, pertenezco a Inshuti.
Cuando mi querida Ángela Huergo me citó para viajar a Ruanda no lo dude ni un momento. Ella ya estaba allí, ella no puede sentarse a ver pasar la vida, ella ya se había comprometido para ayudar en una colina muy desnortada en el Lago Kivu. Fue un tiempo maravilloso en todos los sentidos, pude constatar subiendo y bajando aquella colina que ella estaba haciendo las cosas muy bien, con rigor y con amor, ese amor que pone ella en la vida, ese rigor que la caracteriza.
El término “justicia social” es uno de los motores de mi vida, en Kivu se estaba llevando a cabo, no por caridad, en absoluto, es por el convencimiento de que ellos y ellas, niños, niñas, mujeres y hombres, necesitan, mucho más que nosotros, de ese empujón. Estoy convencida de que la educación es la más fundamental herramienta para salir adelante, y en África también. Procurársela será, sin duda, darles la posibilidad, si todo va bien, de que puedan tener un futuro.
Desde nuestro lado del mundo es difícil imaginar un niño o niña sin colegio, sin sanidad, sin un plato de comida al día. Sí, somos unos privilegiados, lo somos sin duda, de ahí mi convencimiento para apoyar Inshuti y ese pequeño, gran proyecto. Lo vamos a conseguir, seguro, todos y todas juntas entregaremos algo de “justicia social” en ese rincón perdido de África. No esperaremos medallas pero sí, y con esperanza, ver crecer y educarse a esos pequeños y pequeñas, ese será nuestro premio, ese será nuestro mayor logro como Seres Humanos.
¿Te apuntas a ello?. ¿Te anexionas con la Justicia Social?. Os aseguro que recibiréis mucho más de lo que aportaréis.
Beatriz
Ana García Santamaria
Cuando te reciben en Kibuye,con su mejor sonrisa,con sus abrazos, y vives el proyecto in situ; no puedes hacer más, que sentir este Gran Proyecto de tantas personas,ese esfuerzo continuo y diario,como aquello que te transforma tu vida.
Fernando y Fabiola
6 días en Inshuti (Kibuye).
Llamar colegio a Inshuti se queda muy corto: Inshuti es casa, hogar, cariño, disciplina, fraternidad, solidaridad, respeto y educación.
Un lugar donde, además, y aunque quizá para muchos de ellos sólo sea durante una parte del día, sienten, transmiten y contagian felicidad.
Obligado es destacar la imprescindible ayuda y seguimiento que Ángela, con su inagotable y envidiable fuerza y el máximo respeto, brinda a las familias de los niños.
Una oportunidad para librar las tremendas e injustas adversidades que existen en esta parte del mundo.
Un viaje para recordarnos lo tremendamente privilegiados que somos y el deber que tenemos todos los seres humanos de ayudar y compartir.
Un viaje a la realidad de muchos y a nuestro interior, diría que obligado, en el corazón de África para conocer una forma de ayuda respetuosa y humilde.
Gracias a Ángela y a todos los que formáis el colegio Inshuti por darnos la oportunidad de vivir esta experiencia tan maravillosamente acompañados. INOLVIDABLE Y ENRIQUECEDORA.
Fernando y Fabiola, a 20 de octubre de 2024, desde Gijón.